¿Por qué me opongo a quienes buscan renunciar a los derechos de las mujeres?
En los últimos años han surgido en redes sociales algunas creadoras de contenido y comunidades que afirman que preferirían vivir como en épocas pasadas, cuando las mujeres no podían votar, tenían pocas oportunidades educativas o dependían legal y económicamente de un hombre.
Algunas incluso han defendido la idea de restringir o eliminar derechos conquistados tras décadas de lucha. Personalmente, estoy en desacuerdo con estas posturas porque considero que representan un retroceso para la sociedad y porque idealizan un pasado que, para muchas mujeres, estuvo marcado por la falta de libertad y de oportunidades.
Restar valor a una conquista que permitió reconocer a las mujeres como ciudadanas con igualdad política.
De la misma manera, me preocupa escuchar discursos que presentan como ideal una época en la que las mujeres solo podían dedicarse al hogar o debían obedecer completamente a sus esposos. Ser ama de casa es una decisión completamente válida cuando es elegida libremente. El trabajo doméstico y el cuidado de la familia tienen un enorme valor y merecen reconocimiento. Sin embargo, existe una gran diferencia entre elegir ese estilo de vida y que sea la única opción disponible. La verdadera libertad consiste en poder decidir si una mujer desea estudiar, trabajar, emprender, formar una familia, dedicarse al hogar o combinar varias de esas posibilidades.
Otro aspecto que considero problemático es la idea de que una sociedad con menos derechos haría más felices a las mujeres. La felicidad no depende de tener menos libertades, sino de poder construir una vida de acuerdo con las propias decisiones. Es cierto que algunas personas pueden sentirse plenamente realizadas llevando una vida tradicional, y esa elección merece el mismo respeto que cualquier otra. Pero esa satisfacción proviene de haber elegido ese camino libremente, no de que el Estado o la sociedad eliminen todas las demás alternativas.Además, la historia demuestra que la falta de derechos no garantizaba relaciones familiares felices ni una sociedad más justa. En distintos países, durante buena parte del siglo XX, muchas mujeres enfrentaban restricciones legales para administrar sus bienes, abrir cuentas bancarias sin autorización del esposo, acceder a determinadas profesiones o salir de matrimonios abusivos con la protección que existe actualmente. Aunque estas limitaciones variaban según el país y la época, reflejan que la ausencia de derechos tenía consecuencias reales en la vida cotidiana.
Idealizar ese pasado significa ignorar las dificultades que enfrentaron millones de mujeres que no pudieron decidir sobre aspectos fundamentales de su propia vida.
También considero importante recordar que los derechos son individuales. Una mujer que no desea votar puede simplemente abstenerse de hacerlo. Una mujer que quiere dedicarse exclusivamente al hogar puede hacerlo si sus circunstancias lo permiten. Precisamente porque existen derechos que protegen esa libertad de elección. Sin embargo, eso es muy diferente a promover que todas las mujeres pierdan esas posibilidades. Defender la libertad implica respetar tanto a quien desea ser empresaria, científica o política como a quien encuentra su realización en el hogar.
En conclusión, estoy en contra de cualquier movimiento que busque eliminar o restringir derechos conquistados por las mujeres, porque creo que la igualdad no consiste en imponer un único modelo de vida, sino en garantizar que cada persona pueda elegir el suyo. Los derechos no obligan a nadie a vivir de una determinada manera; simplemente amplían las opciones disponibles y protegen la libertad de decidir. Renunciar a un derecho puede ser una decisión individual, pero eliminarlo para todas significaría limitar la libertad de las generaciones presentes y futuras. Una sociedad verdaderamente libre no obliga a las mujeres a seguir un único camino, sino que garantiza que cada una pueda construir el suyo de acuerdo con sus propios valores, proyectos y aspiraciones.
Nota: Los datos históricos sobre el sufragio femenino fueron consultados en publicaciones del Instituto Nacional Electoral (INE), el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y documentos históricos sobre el reconocimiento del voto femenino en distintos países.
Referencias
Instituto Nacional Electoral. (s. f.). Mujeres: Igualdad de género y no discriminación. Recuperado el 10 de julio de 2026, de https://igualdad.ine.mx/igualdad/mujeres/ (Igualdad de Género y No Discriminación)
Instituto Nacional Electoral. (2017, 17 de octubre). 64 aniversario del voto de las mujeres en México. https://www.ine.mx/64-aniversario-del-voto-las-mujeres-mexico/ (Instituto Nacional Electoral)
Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. (2023). 70 años del voto de las mujeres en México. https://www.inehrm.gob.mx/es/inehrm/votodelasmujeres (Inehrm)
Instituto Nacional de las Mujeres. (2023, 8 de diciembre). TODAS: 70 años del voto de las mujeres en México. https://www.gob.mx/historico-instituto/documentos/todas-70-anos-del-voto-de-las-mujeres-en-mexico (Gobierno de México)
United States Constitution, Amendment XIX (1920). (Reconoce el derecho al voto de las mujeres en Estados Unidos).
Representation of the People (Equal Franchise) Act 1928. Reino Unido. (Otorgó igualdad en el derecho al voto entre hombres y mujeres).
Ordonnance du 21 avril 1944 relative à l'organisation des pouvoirs publics en France. Gobierno Provisional de Francia. (Reconoció el sufragio femenino; las mujeres votaron por primera vez en 1945). (Le Monde.fr)
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